En un almacén automatizado, las personas no desaparecen: cambian de rol
Un almacén es mucho más que un lugar de aprovisionamiento. La optimización del espacio y su orden determinan la velocidad y exactitud de la preparación de pedidos y su posterior puesta a punto para salir. La automatización se postula como un recurso esencial para hacerlo posible, pero no es oro todo lo que reluce. José Antonio Gómez, director Comercial Sur de Europa en AR Racking responde a nuestras preguntas para poner el foco en las decisiones que condicionan el éxito del proyecto que se tiene entre manos.
En almacenes automatizados, el error típico es querer resolver con tecnología lo que, en realidad, es un problema de diseño. Lo que más se olvida —y luego se paga— es lo básico que hace viable el ROI: calidad del dato (maestros, ubicaciones, trazabilidad), variabilidad real del negocio (picos, mix y rotaciones), mantenimiento y seguridad desde el minuto uno, y un plan de escalabilidad por fases. Lo “más automático” no siempre es lo más conveniente: lo ganador es automatizar con criterio, empezar por el cuello de botella y crecer con control.
Por último, el software es capital, pero está lejos de ser una fórmula mágica. Los costes ocultos suelen venir de integrar con lo existente: limpieza y gobierno del dato, interfaces y middleware, pruebas y validaciones, licencias y actualizaciones, ciberseguridad, comunicaciones industriales y horas de operación dedicadas a estabilizar el arranque. Por eso, en AR Racking combinamos ingeniería propia, calidad certificada y soluciones integrables para implantar automatización escalable y sostenible.
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