"La conectividad es el sistema nervioso de cualquier flota de vehículos automatizados"
Los robots AMR y AGV son soluciones automatizadas que se adaptan a los picos de demanda en tiempo real. No obstante, deben colocarse allí donde el flujo operativo lo requiera para evitar cuellos de botella que frenen la producción. La integración adecuada de infraestructuras y los sistemas de software permiten que la tecnología priorice trayectorias y tareas que favorecen el flujo operativo. David Rodríguez del Río, Robotics Account Manager de OMRON Iberia nos transmite qué se debe tener en cuenta en la incorporación de esta tecnología en un proyecto para el almacén.
El error más común es tratar al robot como si fuera un operario más. Si un AMR llega a una estación de picking (preparación de pedidos) y tiene que esperar varios minutos a que un trabajador lo cargue o descargue porque la zona está mal diseñada, estamos perdiendo dinero. Otro punto crítico es la gestión del tráfico: si pasillos muy estrechos obligan a los robots a detenerse constantemente al cruzarse con personas o carretillas, la productividad cae en picado. Para evitar esto, en OMRON analizamos primero el flujo de trabajo real; el éxito reside en diseñar estaciones de transferencia rápidas y establecer”reglas de circulación” inteligentes que mantengan el ritmo de toda la planta.
Para garantizar una interacción perfecta, el elemento más crítico es contar con una red inalámbrica industrial robusta, ya sea un Wi-Fi de alta disponibilidad o redes privadas 5G, que elimine cualquier”zona de sombra“en el almacén. Además, la infraestructura física debe estar conectada: el sistema del robot necesita comunicarse automáticamente con puertas automáticas, ascensores o cintas transportadoras mediante sensores y controladores (PLCs). En definitiva, no basta con tener un buen robot; hay que dotar al almacén de un entorno inteligente que”hable” el mismo idioma que la máquina.
El WMS (Sistema de Gestión de Almacenes) es el director de la empresa: es quien sabe qué pedidos hay que preparar y marca la estrategia comercial. Sin embargo, el control real del movimiento en planta lo tiene el Gestor de Flotas (la plataforma de integración). Este software actúa como un coordinador de tráfico inteligente: recibe la orden del WMS y decide en milésimas de segundo qué robot es el más adecuado para ir a por ese pedido, calculando baterías y distancias. Finalmente, el software interno del propio AMR es el músico experto: se encarga de la ejecución pura, es decir, de navegar por el pasillo, esquivar una caja caída y llegar a su destino de forma autónoma y segura. La magia ocurre cuando los tres niveles están perfectamente sincronizados.
El operario está dejando de ser la persona que empuja un carro pesado durante kilómetros a lo largo de su turno, sufriendo desgaste físico. Ahora, su rol evoluciona hacia la supervisión y la gestión de excepciones. El trabajador se convierte en un “director de orquesta” a pie de pista: audita los procesos, colabora con el robot en tareas de valor añadido (como el control de calidad o el empaquetado final) y gestiona la tecnología. Es un salto hacia un empleo más cualificado, más ergonómico y mucho más motivador.
El secreto para equilibrar ambas cosas radica en la inteligencia de navegación. Hoy en día, dotamos a nuestros equipos con escáneres láser de dseguridad que no solo ven los obstáculos, sino que los interpretan. En lugar de limitarse a frenar y esperar a que el obstáculo desaparezca (como harían sistemas más antiguos), un AMR moderno calcula instantáneamente una ruta alternativa y rodea a la persona o a la carretilla de forma fluida. Además, el sistema ajusta su velocidad automáticamente según la zona: va rápido en pasillos exclusivos y ralentiza su marcha en zonas de alta densidad humana. Así garantizamos cero accidentes sin sacrificar ni un solo paquete por hora.
Si un robot sufre una avería, el sistema inteligente de gestión de flotas lo detecta inmediatamente, lo aísla del flujo de trabajo y reasigna automáticamente su tarea al siguiente robot disponible, sin que el WMS ni el cliente final lo noten. Pero, ¿qué pasa si falla la red Wi-Fi general del almacén? Aquí es donde brilla el diseño del AMR frente al AGV tradicional: al ser autónomo y tener su propio mapa y sensores integrados, el robot es capaz de finalizar la tarea en curso o desplazarse de manera segura a una zona de espera sin causar accidentes. Además, siempre garantizamos que los flujos críticos puedan ser asumidos manualmente en caso de emergencia extrema, asegurando que el corazón del almacén nunca deje de latir.
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