La IA necesita un historial limpio y datos de calidad para ser efectiva

Sin criterio humano, los errores de la IA se multiplican

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Las decisiones bajo el sesgo de la automatización debilitan el pensamiento crítico. Creer que una máquina decide siempre mejor, sin tener en cuenta el criterio profesional ni los factores que los datos no reflejan, puede perjudicar la cadena logística.

Antes de la IA, los analistas podían dedicar horas a revisar propuestas de compra o alertas de riesgo de quiebre. Hoy ese trabajo puede resolverse en segundos, pero esa rapidez también favorece un fenómeno poco visible: el sesgo de automatización, comenta Jimmy Murillo, CEO de Bluepoint AI, miembro de la Logistics incubator del CZFB. Si las empresas aceptan sistemáticamente las recomendaciones de la IA sin cuestionarlas, el pensamiento crítico se resiente porque nos acostumbramos a aceptar propuestas consistentes de forma automática. Además, la falta de supervisión humana puede provocar que la máquina optimice demasiado aquellos valores ligados a las métricas dominantes, “como inflar stocks si hablamos del nivel de servicio o arriesgar quiebres en caso de inventario”.

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Los errores más costosos suelen ser acumulativos y silenciosos. Por ejemplo, un modelo que subestima la demanda de un producto nuevo. Esto, comenta Murillo “puede generar quiebres continuos durante semanas antes de que alguien lo identifique como un fallo en el sistema y no una anomalía en el mercado”. En retail esto puede provocar que el cliente acabe buscando el producto en otro lado.

En la industria manufacturera, un error suele hacerse visible antes, porque puede provocar un parón cuyo coste supera con creces el de haber corregido el problema a tiempo.

Murillo apuesta por un modelo de IA que permita auditar sus errores para subsanarlos antes de que escalen. Para evitarlo, Bluepoint AI diseña sistemas capaces de avisar cuando la IA opera fuera de su zona de certeza. Así, el operario puede revisar la propuesta y afinar su criterio.

La IA es un copiloto operativo en la gestión de almacenes

La potencia de la IA se halla en el análisis de datos, generar alertas o recomendar escenarios. Para llevar a cabo su función de manera eficiente, necesita que los datos sean fiables y que estén limpios y conectados, sostiene Carlos Miguel Prieto, director de Marketing de Hardis Supply Chain en Iberia.

Un almacén semi automatizado debería recoger datos relativos al estado del stock, la capacidad de los recursos, el estado de los sistemas automáticos y los tiempos operativos. Decidir los límites de la automatización es una labor humana. Más no siempre es mejor. Tiene más valor encontrar el equilibrio entre el rendimiento logístico, la escalabilidad, las personas, la tecnología y el retorno de la inversión, expresa Carlos Miguel Prieto.

A pesar de sus posibilidades, todavía queda mucho margen por recorrer. La IA puede recomendar ciertas prácticas y movimientos, pero es trabajo de las personas decidir cómo hacerlo, ya que solo ellas conocen su equipo, prioridades, experiencia, tensiones en toda su complejidad. Otros aspectos que quedan fuera están relacionados con la seguridad, la negociación o la gestión de personas. El dato no siempre refleja la situación exacta del almacén. “Por eso, no reemplaza la experiencia del responsable de almacén”.

Los sistemas de navegación con IA van “más allá”

El sector del transporte ha incorporado la IA en su actividad diaria en los sistemas de navegación. Evalúan diversas variables a la vez para prever con antelación qué ocurrirá y así evitar paradas innecesarias o fallos. Las variables que se tienen en cuenta en este caso son los cambios meteorológicos, restricciones en la entrega o la congestión de la red viaria, explica Alicia Ribas, Sales director Iberia en Alpega.

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Como en el almacén, es imprescindible que los datos sean de calidad y estén conectados entre sistemas. Más que en entornos estables y predecibles, como los navegadores convencionales, la IA despliega su potencial anticipando disrupciones basadas en patrones o excepciones durante el transporte antes de que la situación se complique. Los límites de su uso, señala Ribas, son aquellas excepciones que se salen de la operativa y el histórico.

La carga y descarga es un momento delicado y fundamental del trabajo de los transportistas. Aquí la IA actúa como coordinadora gracias a su capacidad para predecir la llegada de camiones y optimizar la asignación de muelles y almacenes.

Integración, concreción y confianza, condiciones para integrar la IA

Alpega y Hardis comparten tres condiciones para implementar la IA sin desbarajustes en un proyecto logístico. La primera, y fundamental, consiste en integrarla en el centro del sistema operativo para que pueda acceder a información relevante a tiempo real. Su uso debe plantearse hacia una tarea concreta bajo supervisión humana, ya que a veces surgen situaciones excepcionales que la IA no sabe cubrir por falta de datos o un cambio en las prioridades. Como apunte final, los equipos necesitan entenderla y confiar en ella para sacarle el máximo provecho. Sin la adopción, el proyecto fracasará, advierte Prieto.
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La fidelidad a la realidad operativa es lo que hace que la IA funcione

Más que la cantidad de datos, lo que importa es si son fieles a la realidad operativa. Un ejemplo muy claro es el número físico de referencias en tienda o un almacén. El CEO de Bluepoint AI apunta que no es tan grave que el sistema dé errores con datos incompletos como seguir funcionando sin decirlo. A partir de ahí, el sistema construye predicciones sobre una realidad distorsionada. Su solución RupertX ha llegado a detectar un 30% de diferencia entre el stock teórico y el físico en empresas de alta rotación.

El criterio y el contexto muchas veces se pasan por alto o ignoran a pesar de que son variables que afectan la toma de decisiones. “El conocimiento tácito del operador no cabe en un campo del ERP”. RupertX ataca el problema mediante bucles de corrección activa. Consisten en registrar la respuesta de los operadores ante la propuesta del sistema, qué correcciones se hicieron, su contexto y los resultados para que la misma IA aprenda de los patrones de sobreescritura en problemáticas diversas. Si detecta patrones repetidos, los incorpora para mejorar futuras recomendaciones. El conocimiento que se concentra en la cabeza del operario se hace visible.

Hay que automatizar lo que más duele

Leticia Rivera es consultora en IA aplicada a la dirección y administración de empresas, fundadora de Delsia Global, y speaker del SIL 2026. En su experiencia, el mayor error que cometen las empresas a la hora de integrar sistemas es querer hacerlo de manera genérica y masiva. El cambio debe enfocarse hacia lo que más duele y quitarle tiempo. A partir de aquí, es viable plantearse escalar.

El paso previo, explica, es simplificar el proceso de automatización. La IA predictiva necesita un histórico limpio. En consecuencia, es primordial que los datos estén unificados y disponibles en todos los sitios.

La mayor dificultad del sector logístico para adoptar la IA es la falta de personal con conocimientos de prompt engineering y visión del negocio. Nunca debe implementarse por moda ni en procesos poco relacionados con la rentabilidad.

La desconfianza a compartir datos

Hay una cuestión que se filtra entre los distintos eslabones de la cadena logística: el recelo a compartir datos. “Existe el temor infundado de que compartir datos es regalar la ventaja competitiva o exponer vulnerabilidades de seguridad” comenta Rivera. Por otro lado, cada agente logístico cuenta con su propio sistema y una escasa disposición a compartir información, señala Alicia Ribas de Alpega. Esta actitud puede derivar a inconsistencias y retrasos. Los datos aislados y su mala calidad son una de las barreras principales para adoptar la IA, afirman en Alpega. “El consenso llegará cuando entendamos que la logística ya no es una cadena de eslabones aislados, sino un ecosistema donde la eficiencia de uno beneficia al resto” apunta Rivera.
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La IA se postula como una herramienta predictiva muy potente. No obstante, necesita acceder a datos de calidad que reflejen fielmente la realidad operativa. Esto es posible si la base está limpia, ordenada y todo el sistema puede acceder a ella. La IA odia el caos y la complejidad decorativa. De momento no sustituirá el criterio humano, ya que durante el día pueden darse situaciones excepcionales que escapan a la información disponible. Las decisiones siguen correspondiendo a las personas. La IA, sin el discernimiento humano, no da cuenta del error, sino que lo magnifica.

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